viernes, 4 de septiembre de 2009

Lechuza común, la Dama Blanca de la noche.

Los seres vivos, y la lechuza del título de esta entrada no es una excepción, tenemos la "costumbre" de querer comer a menudo. A poder ser, a diario. Los hábitos de caza de las lechuzas, y de otras rapaces nocturnas, les llevan a menudo a inspeccionar sus territorios de caza en un lento vuelo a baja altura. Cuando esta técnica de captura les hace cruzar carreteras, son a veces atropelladas por los vehículos que por ellas circulan. Ayer de anochecida, en una de las carreteras que llevan al embalse de San Andrés de los Tacones, una preciosa Lechuza común Tyto alba a punto estuvo de dejar de respirar. La suerte que tuvo es que, el que esto escribe, también iba a una velocidad muy lenta. Intentaba (sin éxito) escuchar o ver algún chotacabras europeo Caprimulgus europaeus. La zona mencionada es un buen lugar para observarlos. El susto que llevamos, tanto la Dama Blanca como el conductor, fue considerable. Me acordé entonces de una entrada antigua que el padre de este blog (Juan Bueno Pardo) hizo el domingo 6 de abril de 2008. En ella nos contaba sobre una lechuza de coloración general muy oscura que había encontrado muerta atropellada cerca de Castiello. Cerca de esa zona yo veía a menudo una volando sobre los campos que flanquean la Autovía del Cantábrico. Y también se la veía volando (lentamente y a baja altura) sobre la misma autovía. Ahora hace tiempo que no las veo por allí. Tristes finales para aves tan bonitas.

Fuera del contexto de esta entrada, he de comentaros que el paso de aves marinas por la costa sigue en su esplendor. La cantidad (y calidad) de págalos que se pueden observar, hace que merezca la pena el esfuerzo de ir hasta un cabo apropiado, emplazar las ópticas y sentarse pacientemente a esperar. Preferentemente, en las horas que van desde despúes de la comida hasta la atardecida. Cualquier hora es buena para observar aves si las condiciones son las adecuadas. Pero los págalos son muy aficionados a dejarse ver por las tardes. Y no sólo son págalos lo que se ve.

3 comentarios:

Pablo Fernández dijo...

a Nacho. Totalmente de acuerdo contigo en lo de les Curuxes. Son una autentica belleza para nuestros ojos. Por eso, tenemos que andar despacin, nun vaya ser que nos llevemos alguna por delante, cosa que a mi me causaria una gran pena, llamese Lechuza, Ratonero, o lo que sea.

ivandiaz dijo...

Os comento que una de las cosas más raras que me han sucedido, ornitológicamente hablando, fue cuando, de estudiante en la facultad de medicina de Oviedo, una lechuza se estampó en pleno día, y dentro del edificio, contra uno de los grandes ventanales. Tuve el privilegio de cogerla aún aturdida entre mis manos, qué tacto tan extraño, y que mirada más fiera me echó. En cinco minutos se reanimó y voló de nuevo a la calle sin problemas, fue realmente una oportunidad única.

Nacho Vega dijo...

Hola chicos:

Yo no tuve nunca una curuxa adulta en mis manos. Sí que toqué unos pollos que Xuan Xulio recogió en su casa de la Campa Torres. Precioses bolines de plumón blancu.

En cuanto a lo que Pablo nos recomienda de andar despacín... No solamente ye por les curuxes. Hay que andar siempre con muncho cuidadín. Llevamos entre las manos una máquina de matar. De matar curuxes y de matar xente. Lo malo ye que de nuechi, por despacín que un vaiga, las lechuzas y demás bichos con o sin plumes, sálente sin previu avisu dende cualquier matu que esté al borde'l camín. Si vas por carreteres de tercer orden no hay problema. Vas a unos "lentos" 40-50 kilómetros por hora. Pero si vas de nuechi por la Autovía del Cantábrico a 90-100 Kms./h. (que nun ye ir precisamente "rápido"), lo único que pués facer ye rezar pa que el bichu cruce tan altu como pa no chocar con él y desfacelu tóu.